Más de la mitad del trabajo en América Latina podría automatizarse técnicamente
La capacidad técnica ya existe para automatizar una parte considerable del trabajo en la región. El reto real está en decidir dónde aplicarla, cómo rediseñar los procesos y qué papel deben conservar las personas.

Hablar de que más de la mitad del trabajo podría automatizarse puede sonar como una predicción sobre el futuro del empleo. No lo es. Lo que estos análisis miden es si las capacidades tecnológicas disponibles hoy podrían realizar determinadas actividades que actualmente ocupan parte de la jornada laboral. La diferencia importa. Una actividad técnicamente automatizable puede seguir siendo realizada por una persona durante años porque automatizarla no es rentable, porque requiere cambios organizacionales complejos o porque la intervención humana continúa siendo necesaria. El verdadero debate, por tanto, no es cuántos puestos pueden desaparecer, sino cómo se redistribuirá el trabajo entre personas, agentes y máquinas.
AUTOMATIZAR HORAS NO ES ELIMINAR EMPLEOS
Un puesto de trabajo está compuesto por muchas actividades distintas. Algunas son repetitivas y estructuradas; otras requieren juicio, contexto, comunicación, relaciones personales o actuación en entornos impredecibles. La automatización puede afectar profundamente ciertas tareas sin hacer desaparecer necesariamente el rol completo. Por eso, interpretar el 57% como “57% de los empleos desaparecerá” sería incorrecto. McKinsey señala expresamente que su estimación mide potencial técnico y no pérdida de empleo. Lo que probablemente cambie con mayor profundidad es la distribución del tiempo: determinadas actividades pasarán a sistemas automatizados mientras las personas concentran más atención en supervisión, excepciones, criterio y tareas donde la tecnología todavía tiene limitaciones.
EN AMÉRICA LATINA, LOS AGENTES TIENEN EL MAYOR POTENCIAL
Dentro de ese potencial de automatización, los agentes de IA representan la mayor parte: aproximadamente 39% de las horas actuales. Pueden intervenir sobre trabajo cognitivo y digital que ya ocurre en software, documentos, bases de datos y sistemas empresariales, lo que permite desplegarlos sin transformar necesariamente la infraestructura física de una organización. Los robots representan alrededor del 18%, una participación mayor que en algunas economías avanzadas porque América Latina conserva una proporción más elevada de trabajo físico. Agricultura, manufactura, transporte, construcción y actividades logísticas hacen que la automatización regional no pueda entenderse únicamente desde los modelos generativos o los agentes digitales.
EL POTENCIAL ECONÓMICO ES ENORME, PERO NO AUTOMÁTICO
En un escenario intermedio de adopción, McKinsey estima que la automatización podría liberar alrededor de US$450 mil millones de valor económico anual hacia 2030 en los 15 países latinoamericanos estudiados. En un escenario de difusión más gradual, la cifra podría quedar cerca de US$230 mil millones, una diferencia que muestra cuánto depende el resultado de la velocidad real de implementación. Ese valor no debe interpretarse directamente como crecimiento del PIB. La estimación refleja principalmente el valor del tiempo de trabajo que podría liberarse para otras actividades, junto con oportunidades para aumentar producción o generar nuevas capacidades. Que una organización capture ese potencial depende de cuánto consiga convertir automatización técnica en mejoras reales de productividad.
EL MAYOR VALOR NO ESTÁ EN AUTOMATIZAR TAREAS AISLADAS
Automatizar una tarea puede ahorrar minutos. Rediseñar un flujo completo puede cambiar la capacidad de una operación. Los casos analizados por McKinsey muestran que los mayores beneficios suelen aparecer cuando empresas combinan personas, agentes y robots alrededor de workflows completos, en lugar de introducir tecnología sobre acciones individuales sin modificar el proceso. Esto cambia también la forma de priorizar iniciativas. Una empresa puede encontrar cientos de actividades técnicamente automatizables, pero eso no significa que deba automatizarlas todas. El verdadero trabajo consiste en identificar dónde existe suficiente volumen, fricción y valor económico como para justificar una transformación del proceso.
“We need to enable everyone in the workforce to work with AI and get better at those skills.”
LAS HABILIDADES NO DESAPARECEN AL MISMO RITMO QUE LAS TAREAS
Otra conclusión relevante del estudio es que 66% de las habilidades que buscan actualmente los empleadores latinoamericanos aparece tanto en trabajo automatizable como en trabajo no automatizable. Resolver problemas, colaborar, comunicar y aplicar criterio seguirán siendo importantes, aunque las personas las utilicen dentro de procesos donde agentes y máquinas asuman una parte creciente de la ejecución. Esto sugiere que el reto para las organizaciones no es únicamente tecnológico. También necesitan aprender a distribuir responsabilidades entre personas y sistemas: qué puede ejecutar un agente, qué debe validar una persona, cuándo debe escalarse una excepción y qué capacidades necesita desarrollar el equipo para trabajar sobre una operación cada vez más automatizada.
LA DEMANDA DE FLUIDEZ EN IA YA ESTÁ CAMBIANDO
Ese cambio ya empieza a reflejarse en el mercado laboral. McKinsey reporta que la demanda de AI fluency —la capacidad de utilizar, administrar y crear con herramientas de IA— creció aproximadamente 11 veces en dos años en América Latina, alrededor del doble del ritmo observado en Estados Unidos y Europa. La señal es importante porque no se trata únicamente de formar especialistas capaces de construir modelos. Cada vez más profesionales necesitarán saber incorporar IA dentro de su trabajo cotidiano, interpretar sus resultados, detectar errores y decidir cuándo utilizarla o cuándo intervenir directamente.
QUÉ SIGNIFICA PARA LAS EMPRESAS
Para una empresa, conocer el potencial técnico es solo el comienzo. El siguiente paso consiste en mapear procesos completos y separar actividades según su naturaleza: cuáles pueden automatizarse, cuáles necesitan supervisión, cuáles dependen de criterio humano y cuáles todavía no tienen un caso económico suficientemente claro. En vez de perseguir un porcentaje abstracto de automatización, puede ser más útil empezar por operaciones donde varias actividades repetitivas se conectan entre sí. Atención al cliente, procesamiento documental, seguimiento comercial, conciliaciones, generación de reportes o tareas administrativas pueden ofrecer mejores oportunidades cuando se rediseña el workflow completo y no simplemente una acción aislada.
LA PREGUNTA NO ES CUÁNTO PODEMOS AUTOMATIZAR
El 57% representa una frontera técnica, no una meta que las organizaciones deban perseguir. Automatizar más no significa necesariamente operar mejor; el objetivo es encontrar el punto donde personas y tecnología juntas produzcan un resultado superior. La ventaja estará en las organizaciones capaces de distinguir entre lo técnicamente posible y lo operativamente valioso. Ahí es donde la automatización deja de ser una cifra sobre el futuro del trabajo y empieza a convertirse en una decisión concreta sobre cómo diseñar mejor el negocio.
FUENTES
- McKinsey Global InstituteAgents, robots, and us: How AI reshapes work and skills in Latin America · 9 julio 2026
- McKinseyThe rise of the human–AI workforce · 30 abril 2026